Me acabo de enterar, pero supongo que nunca es tarde para emitir mi opinión.
Al parecer, nuestros amiguitos residentes de La Dehesa gozan de una posición demasiado elevada para convivir con canes pulguientos que puedan enturbiar sus plazas limpias y seguras, y sus calles impecables. ¡Qué suerte que no tengan que lidiar con asquerosos indigentes!
Pero esos animales mugrientos seguían allí, de modo que resultó obvio para estas personas de recursos y principios adquiridos tras años de excelente educación la necesidad de deshacerse de ellos. Y, como dice un refrán, "para hacer algo bien, tienes que hacerlo tú mismo". La solución era fácil y rápida: matar a esos desagradables especímenes. Así, el bonito paisaje de Valle La Dehesa luciría libre de parásitos.
Sinceramente, me avergüenza a lo que puede llegar el ser "humano" con tal de afianzar su comodidad y status.

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